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miércoles, 9 de abril de 2014

NUNCA TE RINDAS



Maduramos, todos maduramos. El tiempo puede varar en medida de las experiencias o de los golpes de la vida, pero al final terminaremos por madurar, estamos capacitados para hacerlo. Golpe a golpe aprendemos a darle importancia a las cosas que en verdad la tienen, las experiencias de la vida van formando en nosotros un carácter que poco a poco define nuestra personalidad.

Las caídas son invitaciones a levantarse, y es mientras nos levantamos cuando vamos aprendiendo, cuando nos vamos fortaleciendo. La decepción es el camino más sinuoso para llegar a la felicidad, pero es a la vez el más certero.

Las personas conocemos la luz después de la oscuridad, de otra manera no podríamos diferenciar entre una y otra. Se conoce la victoria sólo a través de la derrota, y el amor sólo a través de la decepción. Por eso no te rindas ante la adversidad, considera que eres tan humano como para equivocarte todos los días. Pero considera también que eres lo suficientemente inteligente para trasmutar esos errores. Así que ama, y sufre, ese par de sentimientos van de la mano uno con el otro. Y también llora y ríe, de alguna manera esos dos estados de ánimos son ineludibles cuando se trata de limpiar el alma.

Conquista y también aprende a perder, recuerda que no todas las batallas se ganan, pero que todas traen consigo una lección… Y nunca (bajo el riesgo que implica esa palabra), nunca te rindas, porque cuando dejes de luchar lo habrás perdido absolutamente todo.


lunes, 27 de enero de 2014

La Presencia de Dios



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MI PRESENCIA TE ACOMPAÑARÁ Y TE DARÉ DESCANSO” (Éxodo 33:14b)
Hay ciertas personas de quienes sacamos fuerzas sólo por estar con ellas. Su misma presenciay enfoque a la vida hacen que nos sintamos mejor. De la misma manera, cuando necesitamos ánimo y fuerza, debemos pasar tiempo con Dios. Tomar un tiempo en su Presencia es como estar en una habitación llena de perfume deleitoso. Si nos quedamos allí durante bastante tiempo, nos llevamos la “fragancia” cuando salimos. Está en nuestra ropa, en el cabello, y hasta en la misma piel.

Moisés era un hombre de oración. Él pasó muchísimo tiempo en comunión con el Señor y hablando con Él. Sabía que sin la Presencia de Dios, él no valía ni siquiera un “céntimo”. ¿Te puedes imaginar ser responsable del cuidado diario de dos millones de personas, de sacarlos de un país e introducirles en otro – a pie? ¡Es una tarea abrumadora! Y por si fuera poco, muchos pasaban el tiempo quejándose de su “suerte” en la vida y buscando defectos en Moisés. Era una situación idónea para perder la serenidad. A pesar de eso, el Señor le dijo a Moisés: mi Presencia te acompañará y te daré descanso” (Ëxodo 33:14b).

¿Te has enterado? La Presencia de Dios puede darte paz en cada situación, incluso en un lugar de trabajo difícil o en un hogar en revuelo constante. Te capacitará para mostrar amor en una situación de abuso y paciencia en medio de estrés, te ayudará a traer un cambio positivo sin tener que usar muchas palabras, y te acondicionará para que termines sintiéndote bien acerca de la manera que tratas las cosas. Así que, pasa hoy un tiempo en la Presencia de Dios.